2014: El Verdadero Gran Centenario de México

 

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A diferencia del centenario de la revolución mexicana, que aparte de ciertos "logros" minúsculos y temporales trajo enormes daños al país, en 2014 se cumplen 100 años de los más grandes regalos que Dios haya otorgado a México para su beneficio y realización verdadera, en orden a la instauración del Reinado Social de Jesucristo en nuestra nación.

En efecto, celebramos el centenario de los sublimes dones que Dios quiso hacernos a través de la Madre María Angélica Álvarez Icaza, mexicana, religiosa de la Orden de la Visitación de Santa María, la cual alcanzó el punto más alto al que puede llegar un alma en esta vida: el matrimonio místico con el Verbo de Dios. A juicio de varios doctores en teología espiritual, españoles por cierto, la Madre María Angélica se sitúa muy por encima de Santa Teresa de Ávila y de San Juan de la Cruz. Esto, no obstante que las comparaciones son odiosas, llama la atención por venir de quienes viene, y todo para vergüenza y deshonra de los mexicanos, que en su mayoría desconocen tan eximio caso.

Siendo apenas una bebé, en brazos de su madre que la llevó a un templo de su natal Ciudad de México, ella vio que el Niño Jesús cobraba vida y hacía ademanes de irse con ella. "Yo a la vez forcejeaba, en el regazo de mi mamá, queriendo ir a su encuentro. Así comenzaron nuestros primeros amores", diría en su diario espiritual, el cual se publica en este 2014. Fue de esta manera como inició la historia de amor que llegaría hasta la consumación matrimonial con el Verbo de Dios.

Frutos de esa unión espiritual fueron una serie de dones místicos excepcionales, entre los que destacan la "transverberación" y la "acción". La primera, el traspaso de su corazón por un fuego sobrenatural que no sólo hirió su alma con divino amor, sino que también le provocó una llaga física en el corazón y un orificio en el esternón, mismo que hoy se puede observar en la sagrada reliquia. La segunda, fue el acto por el que Jesucristo, a través de ella, consagró el pan y el vino, convirtiéndolos mística pero realmente en el Cuerpo y Sangre de Cristo, con todos los efectos espirituales de tal hecho.

        Reliquia del esternón

 

La misión que recibió la esposa del Verbo, María Angélica Álvarez Icaza, fue la de dar a conocer "los Encantos del Amor Divino". Esa tarea la realizó de manera puntual a través de su vida y de sus escritos, mismos que llevó a cabo por obediencia a sus directores espirituales, siendo el principal de éstos el Siervo de Dios Mons. Luis María Martínez, Arzobispo de México. En su diario y en sus poemas ella describió el sinfín de caricias, ternuras y besos divinos por parte de su Amado: "Mi Amado me besa y me acaricia, y tiene con mi alma inefables comunicaciones: ella se deja acariciar; pero es una esclavita encogida que mientras más favores recibe, más y más se humilla. El divino Amante tiene conmigo una finura exquisita; tenemos entre los dos un trato delicadísimo, fino, fino, que no tiene comparación."


Si toda la vida de la Madre María Angélica fue un altísimo poema de intimidad amorosa con Dios, ésta fue regada con su sangre, correspondiendo siempre al tierno cariño divino con durísimas penitencias y sacrificios. Si su Esposo derramó toda su sangre por ella en el Calvario, también ella debía derramar la suya mediante arduas mortificaciones. "Tengo un amor grandísimo al sufrimiento; con qué gusto abrazo las enfermedades del cuerpo, las penas del alma, los sacrificios del corazón, sólo por agradar a mi Amado". Y describe la herida de amor de que fue objeto el 12 de julio de 1914: "Sobre la profunda llaga que tengo en mi alma, siento como si pusieran fuego. Estoy a la manera de una persona que tuviera clavada en el pecho una saeta. Mi alma, herida hondamente del amor a su Amante con no sé qué dulce amargura producida del mismo amor, no piensa más que en su herida; pero le es tan dulce, que no la cambiaría por ningún placer y así está muy lejos de querer ser curada ¡alma feliz, dejadla morir de su herida!"

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                    Sponsa Verbi

Fue el 20 de abril de 1914 cuando se realizó el Matrimonio Místico del Verbo de Dios con la Madre María Angélica: "Hoy después de la Comunión he tenido una magnífica fiesta; fue la unión del Verbo de Dios con el alma: las tres divinas Personas se hallaban y sentía yo presentes; fue una cosa tan divina que no quiero decir nada: no me entenderán. Durante el día sumo recogimiento y una alegría y felicidad inmensas como si anduviera en bodas y regocijos".

Su "Proyecto" personal, mismo que compartía con Mons. Luis María Martínez, era el establecimiento del Reinado Social de Cristo en la nación mexicana. Su continua oración y sacrificio iban orientados a que el Sagrado Corazón llegue un día a inspirar leyes, universidades, familias, políticos y toda la realidad social. "Le dije a mi Jesús: esta noche te entronizamos en México. Verás. En el balcón principal de Palacio, el Sr. Presidente X, en vez del grito de independencia, tocando la consabida campana gritará: ¡Viva Cristo Rey! Y todo el pueblo entusiasmado: ¡Viva! ¡Viva!

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Así representó su Matrimonio Místico con el Verbo

Debido a la revolución y a la persecución religiosa en México, la Madre María Angélica tuvo que huir del país y refugiarse en España. A su regreso, fundó el convento de la Visitación situado en la calle de Campana No. 47, Mixcoac, en donde hoy yacen sus restos mortales. Murió en 1977.

Es de augurar que a partir del año 2014, en que se celebra el centenario de esos inigualables dones místicos, la nación mexicana se vea bendecida con particulares gracias espirituales que le hagan volver a Dios, seducida por los "Encantos del Amor Divino", para emprender el camino hacia el sueño dorado de esta santa mujer: ver instaurado el Reinado del Sagrado Corazón en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Y que sea también el año en que el postulador de la causa de canonización, P. Pedro Fernández Rodríguez, O.P., teólogo español, vea coronado todos los esfuerzos que ha venido realizando para llevar a la Madre María Angélica a los altares, para bien de México y de la Iglesia universal.

 

Víctima de Amor

Dime ¡Oh Dios!

qué momento del día

tu recuerdo se aparte de mí;

pues parece que ya el alma mía

en ti vive y muy lejos de sí.

 

Tú me arrastras con dulce violencia,

en tu unión ¡Oh Dios mio! a vivir.

Yo me siento en feliz impotencia,

tal fineza a poder resistir.

 

Tu amorosa presencia yo siento,

que me inflama, Dios mío, en tu amor.

Que este fuego me queme, consiento,

que me abrase y consuma su ardor.

 

Yo espero con calma serena,

como víctima ¡Oh Dios! tu sentencia.

Y contemplo el dolor y la pena

de mi voto, feliz consecuencia.

 

De tu amor yo soy víctima amante

no resisto, me dejo inmolar.

Y no hay para mí ni un instante

que me pase, mi Dios, sin amar.

 

A agradarte estoy siempre atenta

y a todo te digo que sí;

y si sufro, yo sufro contenta

mi suplicio yo misma escogí.

 

Holocausto yo soy, en ti fío,

consumida ¡Oh mi bien! en ardor.

Ya no puedo vivir yo, Dios mío,

Muy enferma me encuentro de amor.

 

Acaba tu obra divina,

destruye, si hay algo en mí,

concluye tu obra tan fina

transformada sea yo... toda en tí.

 

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 Corazón de su Amado, pintado por ella