Muere Joey Lomangino

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La muerte del ciego a quien la Virgen María prometió, a través de Conchita González, vidente de Garabandal, que recibiría "nuevos ojos" el día del Milagro, podría estarnos revelando una cosa admirable y conmovedora, y es que el Milagro y la Primera Resurrección (al igual que el Rapto de los Santos anunciados por San Pablo), podrían ocurrir el mismo día. La Virgen nunca prometió a Joey que vería el Milagro con sus ojos actuales.

Joey (Joseph) Lomangino nació en 1930 en Brooklyn, Nueva York. Fue el mayor de seis hijos, cinco hermanos y una hermana. Su padre, Pasquale Lomangino era un trabajador italo-americano que distribuía hielo y carbón. Joey ayudaba a su padre en las tareas de repartición.

Cuando Joey tenía 16 años, en junio de 1947, sufrió un doloroso accidente. Tenía que conducir el camión de distribución pero vio que la rueda trasera izquierda estaba desinflada. Se agachó para medir la presión y en ese momento la llanta estalló quebrándole los huesos de la frente. La fractura le cortó el nervio óptico y el olfativo, y también perdió los ojos. Estuvo en coma tres semanas y despertó, ciego, el 16 de julio.

La atención médica derivada del accidente sumió a la familia en una situación de pobreza que duró siete largos años. Así los narra Joey:
"Fueron años de gran tristeza. Yo sentía que me había esforzado en alcanzar algo que estaba a punto de conseguir y que de repente se malogró. Era tristísimo, como si hubiera perdido algo. Estaba confundido y apenado".

Después de muchos años de esfuerzo y excesivo trabajo salió adelante, por lo que se agotó y su médico le sugirió tomarse unas vacaciones. Joey se fue con algunos familiares a visitar a sus parientes en el sur de Italia.

Joey no era practicante, pero un tío suyo le sugirió viajar a San Giovanni Rotondo para encontrar al estigmatizado Padre Pío de Pietrelcina, reconocido entre otras cosas por sus innumerables curaciones. Joey aceptó solo para complacer a su tío.

Él no sabía nada del Padre Pío, y menos esperaba tener un encuentro con él. Pero al terminar la Misa lo pasaron a un cuarto con otras personas que esperaban recibir la bendición del Padre Pío.

Joey narró así ese encuentro:
"Cuando el Padre Pío entró en la habitación todos nos arrodillamos para recibir la bendición. Entró por el costado izquierdo del cuarto y lo atravesó por el frente. Oí el movimiento de rodillas, sin saber qué pasaba. De repente, el Padre Pío puso sus brazos sobre mí. Me besó en la frente y me dijo: -Joey, me alegro tanto de verte.
Fue mi tío quien me dijo que era el Padre Pío quien me abrazaba. Yo no sabía qué decir, pues había sido casi el último en entrar, y nadie sabía que yo iba a ir, ni yo mismo".

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Joey quedó profundamente impresionado. Regresó en 1963 y en esa ocasión decidió confesarse con el Padre Pío.

Lo narra así: "Fui a ver al Padre Pío al confesionario, arrodillándome en el reclinatorio. El Padre Pío estaba sentado frente a mí. Me tomó de la mano, cosa que me impactó por su contraste con el confesionario americano, con paneles entre el sacerdote y el penitente. Me dijo entonces:
-Joey, confiésate.

Para ser muy franco, encontré esto muy embarazoso pues no estaba llevando una vida correcta. Estaba confundido y no sabía qué decir. Entonces el Padre Pío me dijo en italiano: -Confiésate. Pero de nuevo no encontraba palabras qué decirle.

Entonces, en perfecto inglés, me dijo:
-Joey, ¿recuerdas cuando estuviste en un bar con una mujer de nombre Bárbara? ¿Recuerdas los pecados que cometiste? Y, en perfecto inglés, me recordó los sitios donde había estado, las personas con las que había estado, y los pecados que había cometido. Sudando de angustia, tuve la gracia de reconocer que valía la pena soportar todo eso si ello significaba volver a ser feliz.

Realmente creía que el Padre Pío podría ayudarme. Cuando llegó al fondo de todos mis pecados, después de lo que me pareció como un millar de años, me dijo en italiano: -¿Estás arrepentido? Y yo contesté: -Si, Padre, lo estoy.

Al darme la absolución, los ojos comenzaron a rodarme en la cabeza. Me restregué los ojos con las manos, mientras la cabeza me daba vueltas y más vueltas. De repente, mi mente se aclaró total y completamente. Entonces puso su mano estigmatizada sobre mis labios y yo besé los estigmas. Me dio entonces un ligero golpe en la cara y me dijo en italiano: -Joey, un poco de paciencia y coraje y vas a estar bien.

Yo tenía 33 años y me sentía de 16. Tenía el firme propósito de enmendar mi vida. Estaba arrepentido de todos los pecados que había cometido durante mi vida. Me sentía tan bien, tan limpio, que no quería siquiera involucrarme con nadie por miedo a perder la gracia recibida.

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Pero había aún otra gracia más. Cuando sufrí el accidente en 1947, perdí no sólo la vista sino el sentido del olfato. Al arrodillarme para recibir la bendición, quedé atónito al percibir la fragancia de rosas que venía de la sangre en sus manos. Me eché hacia atrás contra la pared y levanté los brazos para protegerme, pues no sabía qué pasaba. El Padre Pío bajó mis brazos y me dijo en italiano: -Joey, no tengas miedo.

Y me tocó en el puente de la nariz, devolviéndome el sentido del olfato después de estar sin él desde el día del accidente, en junio de 1947, hacía 16 años".

Joey estaba sobrecogido de paz y alegría y no quería abandonar San Giovanni Rotondo. Sin embargo, su compañero de viaje, Mario Corvais, le recordó su compromiso de visitar un sitio llamado Garabandal, en España, en donde se decía que la Virgen María se aparecía.

"Cuando Mario me recordó que teníamos que irnos para Garabandal le dije:
-Mario, ¿cómo sabemos que es verdad? Tal vez no es una aparición verdadera; tal vez es un truco del demonio para hacerme perder las gracias que acabo de recibir. Vamos a preguntarle al Padre Pio.
Siempre fuimos objeto de una muy calurosa bienvenida por parte de los sacerdotes donde el Padre Pío. Fuimos donde ellos y les dije:
-Me gustaría hablar con el Padre Pío, ¿está bien?
Y el sacerdote me contestó: -Está bien, Joey.
Así que hizo los arreglos necesarios y volvimos de nuevo más tarde para reunimos con él en el claustro. Al arrodillarme frente a él de dije,
-Padre Pío, ¿es cierto que la Virgen se está apareciendo a cuatro niñas en Garabandal?.
Y él dijo: -Sí.
Entonces le dije: -Padre Pío, ¿debo ir allá?
Y él respondió -Sí. ¿Por qué no?
Y así es como pasó. Fue debido a que el Padre Pío me aseguró que la Virgen se estaba apareciendo allá, y me permitió ir".

En Garabandal, Joey conoció a Conchita, una de las videntes. Quedó impactado y volvió de nuevo en marzo de 1964.

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De regreso a su país recibió una carta de Conchita, con fecha 19 de marzo de 1964, en la que le decía, de parte de la Virgen María, que se le darían "nuevos ojos el día del Milagro, con los cuales vería perpetuamente".

Joey se hizo amigo de Conchita y de las otras videntes, y en los Estados Unidos comenzó a difundir la historia del Padre Pío y de las apariciones de Garabandal. En 1968 fundó la organización de los Trabajadores de Nuestra Señora del Monte Carmelo (The Workers of Our Lady of Mount Carmel).

Joey se puso a dar testimonio casa por casa. Sus presentaciones se convirtieron en verdaderas conferencias. Hablaba del amor de Dios y de la necesidad de volver a Él. Recalcaba la urgencia que emana de las visitas de la Virgen María en Fátima, Portugal y Garabandal: "Nuestra Señora vino por amor. Debemos responder con amor".

El 8 de diciembre de 1977, día de la Inmaculada, Joey se casó con Marilyn Luther. Con su esposa se dedicó a seguir difundiendo las apariciones.

El mensaje de Garabandal consiste en una invitación a la conversión de vida, a la oración y a la penitencia. Concretamente señala la crisis en la Iglesia, el sacerdocio y la doctrina, con la necesidad de rezar el Santo Rosario todos los días y visitar frecuentemente el Santísimo Sacramento para repararlo por nuestros pecados y ofensas.

San Sebastián de Garabandal es una pequeña localidad del municipio de Rionansa, en la Sierra de Peña Sagra, Cantabria. No pasa de 150 habitantes.

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Entre 1961 y 1965, cuatro jóvenes en edad escolar Conchita González, Mari Cruz González, Jacinta González y Mari Loli Mazón (fallecida el 21 de abril de 2009), sin relación de parentesco entre ellas, fueron objeto de apariciones del Arcángel San Miguel y de la Santísima Virgen María. San Miguel comenzó a aparecerse el 18 de junio de 1961 con el objeto de prepararas para las apariciones de la Virgen, que comenzaron el 2 de julio. Tuvieron cerca de 2,500 apariciones, a las cuales asistían siempre grandes multitudes.

Las niñas entraban en estado de profundo éxtasis y fueron objeto de muchos fenómenos paranormales registrados por cámaras fotográficas y de filmación: levitaciones, iluminación, comuniones eucarísticas en las que recibían la sagrada Hostia en la lengua, así como pruebas físicas con las que intentaban sacar a las videntes del trance mediante pinchazos de aguja, quemaduras o golpes.

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Entre las personas que dieron seguimiento a las apariciones destaca el sacerdote jesuita Padre Luis María Andreu, quien falleció después de haber contemplado la visión de la Virgen, el Milagro y al estigmatizado Padre Pío, el 8 de agosto de 1961, mientras veía en la montaña el éxtasis que experimentaban las niñas. La Virgen se le mostró también a él y le dijo que pronto estaría con Ella. Al bajar al pueblo le dijo al Párroco Don Valentín "Lo que dicen las niñas es verdad, para mí ya no hay duda sobre lo que dicen, qué gracia tan grande me ha dado la Virgen, qué Madre tan buena tenemos en el Cielo, es el día más feliz de mi vida". El Padre Andreu falleció después de pronunciar estas palabras. La Virgen prometió a las niñas que el día del Milagro se mostrará el cuerpo del Padre Andreu incorrupto.

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Las apariciones de Garabandal son consideradas como la continuación de las de Fátima, no sólo por la semejanza del mensaje, sino porque comenzaron a suceder al año siguiente de que el Tercer Secreto de Fátima debió haberse dado a conocer por el Papa, en 1960, quien tuvo que haber consagrado Rusia al Inmaculado Corazón de María, según la petición de la Santísima Virgen, cosa que el Papa Juan XXIII prefirió no obedecer. Incluso, según Mons. Joao Pereira Venancio, Obispo de Fátima, la Santísima Virgen se despidió de Fátima con las palabras "hasta San Sebastián de España".

En los mensajes de Garabandal, la Virgen María advirtió que si la humanidad no enmienda su conducta y vuelve a Dios, habrá un Gran Aviso, un Milagro y, finalmente, un Castigo.

Ese Castigo, o purificación, fue vivido místicamente por las niñas videntes, señalando que será tan grande y doloroso como nunca lo ha habido en la historia de la humanidad. Pero el Aviso, y el Milagro, vendrán antes para prepararnos y darnos una última oportunidad de conversión.

El Aviso, que coincidirá con un fenómeno cósmico imponente, consistirá en la iluminación interna de las conciencias, por la que cada uno podrá ver el estado de su alma, su cercanía o lejanía de Dios, y las consecuencias de sus pecados. El Gran Aviso durará pocos minutos, pero será experimentado por cada persona como algo de larga e impactante duración.

El Milagro, que tendrá lugar en Garabandal, dentro de un año después, quedará como un signo permanente que podrá ser fotografiado y televisado, pero no tocado. Conchita González conoce el día mes y año en que sucederá el Milagro, pero podrá anunciarlo solo ocho días antes de que suceda.

El Padre San Pio de Pietrelcina tuvo varias apariciones de la Virgen de Garabandal y vio el Milagro antes de morir, según lo testimonió el Padre Bernardino Cennano, Sacerdote Capuchino.

El 18 de junio de 2014, lamentablemente falleció Joey Lomangino, precisamente el mismo día en que comenzó a aparecerse la Virgen María en Garabandal.

Muchos fieles y, sobre todo, muchos opositores a las apariciones, tomaron la muerte de Joey como un elemento que desacredita el fenómeno de Garabandal. Ello debido, se dice, a que la Virgen había prometido que Joey recuperaría la vista y podría ver el Milagro el día que este sucediera.

En realidad, lo que la Virgen María le transmitió, si vemos las declaraciones de Conchita, es que a Joey se le darían "nuevos ojos el día del Milagro, con los cuales vería perpetuamente".

Lejos de desacreditar las apariciones de Garabandal, las cuales están avaladas por muchos testigos, enfermos que han sido curados, varios cardenales, obispos y sacerdotes, y por el mismo Padre San Pio de Pietrelcina, la muerte de Joey Lomangino nos viene a decir algo que podría ser de enorme trascendencia teológica y espiritual, a saber, la posibilidad de que el Milagro y la Primera Resurrección coincidan el mismo día.

La así llamada "Primera Resurrección" fue dada a conocer por San Pablo, y se refiere al momento en que los santos muertos a lo largo del Nuevo Testamento, resucitarán. Esto sucederá a inicios de la Gran Tribulación, los siete años del gobierno mundial del anticristo predichos por el profeta Daniel, por Jesucristo y San Juan en su libro del Apocalipsis.

Se le llama "Primera Resurrección" para diferenciarla de la Resurrección colectiva que sucederá al fin del mundo para el Juicio Universal. En la Primera Resurrección resucitarán solamente los santos. En el Juicio Universal resucitarán todos los humanos restantes, incluso los condenados.

Cabe recordar que los santos del Antiguo Testamento resucitaron ya, y se encuentran en el Cielo con Jesucristo y la Virgen María. Los Evangelios nos narran que el Viernes Santo, en el momento en que Cristo expiró "se abrieron los sepulcros, y muchos santos que habían muerto resucitaron" (Mt 27, 52). Éstos se aparecieron en Jerusalén a muchos discípulos durante los cuarenta días en que Jesús también se estuvo manifestando a los suyos.

Algunos se preguntan cómo es que ese grupo de santos pudo haber resucitado tres días antes de que Jesucristo lo hiciera, siendo que la posibilidad de resucitar nos fue dada precisamente por la Resurrección de Cristo.

La respuesta teológica es la misma que se usa para explicar cómo la Virgen María pudo nacer inmaculada, sin la herencia del pecado original, antes de la crucifixión, muerte y resurrección de Jesúcristo: porque los méritos de su Hijo le fueron aplicados anticipadamente. Y el Magisterio concluirá aún: "Dios pudo, quiso y lo hizo".

La misma explicación se da para el caso de la resurrección de los santos del Antiguo Testamento: Dios quiso aplicarles anticipadamente los frutos de la redención operada por la Resurrección de Cristo.

Según las Escrituras, a los inicios de la Gran Tribulación, anunciada por el profeta Daniel y por Jesucristo mismo, aquellos santos que hayan muerto resucitarán, y los santos que estén en vida serán raptados para ser llevados todos ellos al Cielo.

El Arrebato, o Rapto de los Santos, es la traslación física, en un proceso de transformación, de quienes hayan alcanzado su plena transformación en Cristo.

El acontecimiento fue dado a conocer por San Pablo: "Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel y al son de la trompeta, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos para siempre con el Señor" (I Tes 4, 16).

Y añade: "No todos moriremos, pero todos seremos transformados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene el último toque de trompeta. Porque sonará la trompeta y los muertos serán resucitados para no volver a morir y nosotros seremos transformados" (I Cor 15, 51).

San Pablo enfatiza que hay tres momentos diversos en el orden de la Resurrección: "Del mismo modo que en Adán todos mueren, así también todos revivirán en Cristo; pero cada uno en su orden: Cristo, como primicia, el primero; luego los que son de Cristo, en su Parusía; luego, al final, cuando entregue el Reino a Dios su Padre, después de haber destruido todo Principado, Dominación y Potestad, pues es preciso que Él reine hasta poner bajo sus pies a todos sus enemigos. El último enemigo en ser destruido será la muerte" (1Cor 15, 22-26).

El orden de la resurrección es, pues, el siguiente: primero, Cristo, y los santos que resucitaron el Viernes Santo; después "los que son de Cristo", es decir todos los justos de la historia desde el domingo de Pascua hasta el momento de la Parusía; por último todos los hombres, al fin del mundo, cuando la misma muerte sea destruida y nadie más haya de morir.

Es en coincidencia con la primera resurrección cuando sucede el Arrebato de los Santos, es decir, quienes resuciten serán llevados juntamente con los vivos que se hallen plenamente identificados en Cristo.

El Arrebato de los fieles es resultado de una intervención divina selectiva: "Entonces estarán dos en el campo, el uno será tomado, y el otro será dejado. Estarán dos mujeres moliendo en un molino, una será tomada, y la otra será dejada" (Mt 24, 40).

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El Rapto tiene el doble propósito de premiar la virtud de los fieles, y de evitarles la purificación de la Gran Tribulación, misma que ya no necesitan.

Por lo mismo, los exegetas consideran que el Arrebato, así como la Primera Resurrección, tienen lugar hacia los inicios de la Gran Tribulación, cuando empieza el gobierno mundial del anticristo.

Es aquí donde debemos situar la incógnita que surge respecto a Garabandal. La muerte de Joey Lomangino, aparentemente contradictoria respecto a la promesa de la Virgen María, nos podría estar revelando algo maravilloso y de gran alcance teológico, y es la posibilidad de que el Milagro y la Primera Resurrección coincidan el mismo día.

El mensaje de Conchita es que a Joey se le darían "nuevos ojos el día del Milagro, con los cuales verá perpetuamente". ¿Cuándo es que un muerto puede recobrar su integridad física en el mejor estado de su existencia? El día de su propia resurrección. ¿Cuándo Joey tendrá nuevos ojos, con los cuales podrá ver para toda la eternidad? El día en que él vuelva a la vida con su cuerpo glorificado. Unos ojos con los que uno puede ver por toda la eternidad, son los ojos de un resucitado. Eso le podría suceder a él, y le sucederá ciertamente a todos los santos, de hecho, cuando acontezca la Primera Resurrección.

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Adicionalmente, si esta tesis es correcta, podría también explicar el porqué se descubrirá el cuerpo del Padre Luis María Andreu totalmente incorrupto el día del Milagro: podría estar incluido en los santos de la Primera Resurrección: la incorruptibilidad del cuerpo suele ser una característica de los santos fallecidos.

Esta es, desde luego, una conjetura derivada de la reflexión teológica, basada en dos hechos de la redención que de suyo son distintos, por un lado el Milagro, y por otro la Primera Resurrección.

Pero, de ser así, nos ayudaría a situar el fenómeno de Garabandal dentro de los tiempos proféticos de la Biblia, concretamente dentro de los tiempos señalados en el Apocalipsis de San Juan. Y se estarían reforzando ambos fenómenos sobrenaturales de forma asombrosa y fascinante. Como suelen ser las acciones de Dios.

Cabe resaltar además que, según Conchita González, el Gran Aviso sucederá cuando la humanidad esté en el peor momento, sufriendo el mayor caos originado por la guerra y la persecución. Es después de esa guerra, descrita en Ezequiel 38, que viene al falso acuerdo de paz y comienza el gobierno mundial del anticristo. De esta forma, podemos también concluir que el inicio de la próxima guerra nos estará acercando aún más al Aviso, al Milagro y, por ende, quizá al Rapto y a la Primera Resurrección.

Laus Deo.

Abajo puede verse el documental completo sobre las Apariciones de la Santísima Virgen en Garabandal: