En búsqueda sincera de la verdad

Comentarios a la "Carta abierta a Jorge Traslosheros"

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Son varios los tópicos propuestos en el escrito de José Alberto Villasana "Carta abierta a Jorge Traslosheros" (cfr. blog ultimostiempos.org, del 20 de enero 2017); por nuestra parte nos circunscribimos en esta reflexión a uno solo, implicando indirectamente quizá a algunos otros: ¿es trascendente o no lo propuesto en las "dubia" ("dubium"=duda en latín; plural:"dubia"=dudas) de los cardenales? (Para acceder al texto íntegro de las "dubia", a los nombres de los cardenales autores de las mismas, así como el contexto en el que las mismas se han planteado, véase: Sandro Magister, "Clarificar: La apelación de cuatro cardenales al Papa" en la versión en español del blog www.chiesa.espressonline.it, en la entrada correspondiente al 14 de nov. 2016).

No cabe duda que la controversia en curso sobre este tema, en muy diversos ambientes de la Iglesia y a muy diversos niveles es preocupante; no es una cuestión de poca monta la que se plantea en las "dubia", a saber: si en determinados casos (y después todas las demás parejas en situación similar se preguntarían qué realidad fundamental y determinante tienen esos afortunados casos que ellos no tengan) es posible dar el sacramento de la reconciliación y la Sagrada Comunión a parejas en las que al menos uno de ellos tiene un vínculo indisoluble matrimonial vigente con su anterior pareja: ésta es la cuestión de base e inicial en nuestra reflexión.

Según la respuesta que a ello se dé se generan nuevas preguntas; si por ejemplo se responde que sí es lícito brindarles la absolución y la Sagrada Comunión ¿significa entonces que el adulterio ya no es pecado grave? ¿que el adulterio ya no es excluyente del Reino de Dios (cf. 1 Cor 6,9-10: "¿No sabéis que los injustos no poseerán el reino de Dios? No os engañéis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas... poseerán el reino de Dios")?, ¿significa que la Sagrada Comunión se puede administrar a quien está en pecado grave? ¿qué se le podrá decir al otro cónyuge legítimo del matrimonio cristiano previamente roto? ¿que también tendrá libertad para convivir como esposos ("more uxorio") con otra persona actual o futura que podrá elegir libremente?.

Si esto entra en la gran difusión de los medios de comunicación o en la costumbre del Pueblo de Dios ¿no constituye un gran peligro de error, de confusión doctrinal, pero también de desorden moral, de gran descomposición cristiana, y en última instancia un gran peligro para la salvación de muchísimas personas?. Por otra parte, si la respuesta a la cuestión inicial es que ya se puede dar, al menos en algunos casos, la Sagrada Comunión a los casados por la Iglesia que conviven "more uxorio" con otra persona que no es su cónyuge ¿no impondría ello una relectura forzada y artificiosa de la historia del sacrificio de hombres clarividentes y santos como Santo Tomás Moro y San Juan Fisher entre otros? Y ¿qué decir de las palabras de Cristo: "lo que Dios unió no lo separe el hombre" (Mt 19,6)?.

Es importante aclarar que, aunque las respuestas a la cuestión inicial arriba citada se presentan obvias desde la doctrina del Evangelio, transmitida y vivida por dos milenios de cristianismo en la Iglesia, en orden a la valoración de lo que significan las "dubia", aquí, en razón de método, por el momento con humildad las dejaremos al nivel de preguntas ("dubia").

Es por ello que, sin entrar todavía en una perspectiva de respuesta, por seriedad intelectual valoraremos la validez del planteamiento mismo de las "dubia", mostrando respeto hacia la inteligencia y la lealtad de quienes las han planteado: así pues, podemos decir que el telón de fondo de las "dubia" es visualizar y establecer qué continuidad o ruptura hay entre la doctrina bimilenaria de la Iglesia en materia de los sacramentos de matrimonio, reconciliación y la Sagrada Comunión por una parte, y la perspectiva del capítulo VIII de "Amoris Laetitia" por otra parte; si se examina despacio, nos percataremos que ante ello no se puede sino tener disyuntivamente una de estas tres posturas:
A) HERMENÉUTICA O LECTURA DE LA CONTINUIDAD: es algo muy deseable, pero difícil de implementar; los textos del Magisterio reciente y sus énfasis internos hablan por sí mismos, apareciendo esta perspectiva de continuidad como una hermenéutica bastante forzada y difícil (y más bien imposible) de creer; citamos larga y literalmente para que efectivamente los textos hablen por sí mismos:
MAGISTERIO DE SAN JUAN PABLO II
"La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su práxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio.
La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos»[180].
Del mismo modo el respeto debido al sacramento del matrimonio, a los mismos esposos y sus familiares, así como a la comunidad de los fieles, prohíbe a todo pastor —por cualquier motivo o pretexto incluso pastoral— efectuar ceremonias de cualquier tipo para los divorciados que vuelven a casarse. En efecto, tales ceremonias podrían dar la impresión de que se celebran nuevas nupcias sacramentalmente válidas y como consecuencia inducirían a error sobre la indisolubilidad del matrimonio válidamente contraído" (Familiaris Consortio 84).
CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA
No. 1650 "Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo ("Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio": Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia".

No. 1665 Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus cónyuges legítimos contradice el plan y la ley de Dios enseñados por Cristo. Los que viven en esta situación no están separados de la Iglesia pero no pueden acceder a la comunión eucarística. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe".

No. 2384 "El divorcio es una ofensa grave a la ley natural. Pretende romper el contrato, aceptado libremente por los esposos, de vivir juntos hasta la muerte. El divorcio atenta contra la Alianza de salvación de la cual el matrimonio sacramental es un signo. El hecho de contraer una nueva unión, aunque reconocida por la ley civil, aumenta la gravedad de la ruptura: el cónyuge casado de nuevo se halla entonces en situación de adulterio público y permanente:
«No es lícito al varón, una vez separado de su esposa, tomar otra; ni a una mujer repudiada por su marido, ser tomada por otro como esposa» (San Basilio Magno,Moralia, regula 73)".

B) UNA HERMENÉUTICA DE RUPTURA con la doctrina anterior; si ello resultara ser real, señalaría un aporte nuevo, una doctrina nueva, la cual sin embargo, pondría en tela de juicio, en descrédito, y en el fondo negaría la doctrina sostenida por dos milenios de cristianismo en toda la Iglesia de manera auténtica (oficial), incluyendo el sello del martirio de quienes por ser fieles a esta doctrina pagaron con su vida: cfr. los ya citados Santo Tomás Moro y San Juan Fisher, y el contexto histórico en el que dieron su vida.

C) UNA HERMENÉUTICA ARTIFICIOSA Y ARTIFICIAL: en la cual, a base de distingos y de confusión entre el ámbito de lo objetivo y lo subjetivo, se concluye que la doctrina continúa intacta, PERO se afirma al mismo tiempo que, sin embargo, hay ahora diversas formas nuevas de ver e implementar las cosas; en esta última hermenéutica nos cansaríamos de autoelogiar nuestra continuidad, que "todo sigue igual", pero al mismo tiempo que hay nuevas formas y aportes nuevos: en la práctica, para los fieles implicados, y para todos, significaría un verdadero cambio real: ahora ya podemos comulgar -dirían las parejas que no viven con su legítimo cónyuge- aunque vivamos con otro(a) que no es nuestro cónyuge con el que nos casamos ante el altar (se entiende aparte el caso de un matrimonio inválido desde el inicio, el cual se declara justamente nulo "ab initio" por un tribunal eclesiástico): sólo es cuestión de hacer un proceso con un sacerdote; pero tendrán que escogerlo porque no hay consenso ni luces claras al respecto; es más, tendrán que escoger el país donde ello lo llevarán a cabo, pues es claro que hay Conferencias Episcopales enteras que se han manifestado unas a favor de dar la comunión (por ejemplo, Alemania), y otras en contra (por ejemplo, Polonia).

Ante este panorama tan dividido, las "dubia" son un horizonte esperanzador de poder llegar a un juicio sereno que devuelva todo a un equilibrio, un punto de verdadera síntesis, serena, doctrinal y pastoral, para una conducción unitaria y coherente del Pueblo de Dios.

Conforme pasen los meses irán saliendo estudios, los cuales en algunos casos se leerán con verdadera esperanza, y en otros casos con desilusión; si se hace ver en ellos una verdadera armonía y continuidad con el Magisterio milenario de la Iglesia, se situarán en la perspectiva de la continuidad creativa y válida. Si ellos "rompen" con principios básicos del Evangelio, de la Tradición más genuina de la Iglesia y del Magisterio perenne de la misma, se ubicarán en la dinámica de la ruptura. Si son ambiguos y conciliadores superficialmente se ubicarán en la hermenéutica artificiosa. Esperamos luces de la gracia de Dios.

En relación a estos intentos de armonizar se sitúan: J. Granados et alii, "Acompañar, discernir, integrar", Ed. Monte Carmelo, Burgos, 2016; también F. Coccopalmerio "Il Capitolo Ottavo della Esortazione Apostolica Postsinodale Amoris Laetitia", Febrero 2017. Cualquiera que sea la fuente de una respuesta armonizadora, para que responda válidamente a las "dubia", tal como están planteadas, es decir, dirigidas a la autoridad doctrinal de la Iglesia, deberá contar necesariamente con el aval oficial de la autoridad doctrinal de la Iglesia, y no podrá limitarse a una mera opinión personal, pues en ese caso, seguramente que los mismos que las plantearon tienen capacidad suficiente para responderlas.

En el amplio escenario de las tres hipótesis arriba esbozadas se sitúan de manera sutil y magistral las cinco "dubia" presentadas por algunos valientes, leales y respetuosos cardenales, los cuales han tenido una actitud humilde e inteligente, y no han pretendido dar la propia solución, ni tampoco dar una solución simplista, como algunos ingenuamente y sin ser especialistas han pretendido (cfr. el intento de Rodrigo Guerra López, "Queridos cardenales...", publicado el 23 de nov. 2016 en la página digital del diario La Stampa).

Habiendo expuesto todo lo anterior en relación al planteamiento en sí mismo de estas "dubia", nos limitamos ahora a exponer brevemente algunas consideraciones, sin entrar al terreno de las respuestas, sino señalando sólo todo lo que apunta a la seriedad de su planteamiento, oportunidad, e incluso necesidad, toda vez que atañe a millones de personas en el mundo, y que esperan una respuesta clara en la Verdad de Cristo, la cual al final de todo, aunque sea exigente como la radicalidad del Evangelio, siempre será fuente de auténtica libertad en Cristo.

1. Jesús es la Verdad, y su palabra y ejemplo nos muestran el verdadero camino de vida eterna; en efecto, en contraposición a la praxis judía del divorcio, Jesús reubica nuevamente el matrimonio en la perspectiva del diseño original de Dios: "...lo que Dios unió no lo separe el hombre (Mt 19,6)"; ésta perspectiva distinguirá el cristianismo auténtico del judaísmo y de otras religiones; formará parte de la radicalidad en el amor, propia del cristianismo y del seguimiento del Maestro.

2. La Tradición y el Magisterio de dos milenios no presentan ninguna ambigüedad consistente a nivel doctrinal, incluso cuando la doctrina misma del matrimonio ha sido especialmente puesta a prueba; el caso más sonado, el del Rey Enrique VIII (1491-1547): en el contexto del avance del protestantismo y la división en la Iglesia nada más inoportuno que negarle su deseo al llamado "defensor fidei": el defensor de la fe, el Rey de Inglaterra, el cual deseaba que la Iglesia aceptara sus segundas nupcias aún en vida de su primera esposa, cosa que no le fue concedida a pesar de que ello implicó la separación de Inglaterra de la comunión con el Papa y la Iglesia, junto con la sangre de muchos cristianos leales a la Iglesia.

3. Incluso algunos intentos recientes de justificar teológicamente una praxis distinta a la doctrina milenaria de la Iglesia, se revelan al final inconsistentes aunque supuestamente quisieron ser concluyentes en base a una serie de hipótesis, ninguna determinante en sí misma, como lo intentó G. Pani en su artículo Matrimonio e "seconde nozze" al Concilio di Trento en Civiltá Cattolica, Quaderno 3943 (Roma 2014) Vol. IV, p.19 -32).

4. Cuando la doctrina de la Iglesia ha sido puesta a prueba han surgido santos capaces de ir contra viento y marea dando testimonio de la verdad de fe en torno al sacramento del matrimonio, de otra manera cómo se valoraría, en el contexto del cisma de Inglaterra, la santidad y la sangre de San Juan Fisher (+1535) y de Santo Tomas Moro (+1535); se les tomaría como gente que murió por nada o bien por ignorantes, etc.

5. En un estudio verdaderamente cuidadoso y especializado, no superficial ni de oídas, sería bueno retomar al respecto de la doctrina de los sacramentos del matrimonio, la reconciliación y la Eucaristía, tanto el Concilio de Trento como los Concilios Vaticanos; así como la praxis disciplinar oficial, constante y homogénea que en materia de dichos sacramentos, ha sido una constante en la existencia de la Iglesia, tal y como se puede ver, por ejemplo, en el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) y su Compendio (2005).

6. En relación a la actitud pastoral de Misericordia y de discernimiento son muchos los buenos pastores, obispos y sacerdotes, así como fieles laicos que, sin dejar de ser fieles a todo el legado de fe en materia de matrimonio, han sido creativos encontrando modos prácticos que hagan camino concreto para ir acercando a Cristo a todo aquel que no se encuentra en una situación matrimonial conforme a la voluntad de Cristo, esperando el "Kairos" o momento oportuno para el pleno regreso a la gracia de Dios, conforme a la enseñanza de San Juan Pablo II en Familiaris Consortio (cf. n. 84).

7. El planteamiento de las "dubia": 
a) Se trata de un planteamiento sutil y magistral, pues enuncia el cúmulo de cuestiones implicadas y que tienen que ver con teología sistemática (o dogmática), teología moral, derecho canónico, estudios escriturísticos y patrísticos, etc. 
b) Están elaboradas con el procedimiento aprobado por la Santa Sede y la Congregación para la Doctrina de la Fe a nivel canónico y teológico, y son praxis común en la Santa Sede; el procedimiento completo es exacto.

8. En relación a aquellos que presentan estas "dubia", que no son un cuestionamiento, ni rebeldía, ni nada por el estilo, pues como ya se dijo son praxis común en la Santa Sede, además de que no son toma de posición alguna sino preguntas en base a confusiones reales entre el Pueblo de Dios; en relación pues a quienes presentan las "dubia" hay que decir:
. 8.1 Que se trata de cardenales, designados en su momento por la autoridad Pontificia.
. 8.2 Tres de los cuales han ocupado altos puestos en la Santa Sede como colaboradores de los Papas en turno, siendo jefes de Dicasterios de la Curia Romana, gozando de la plena confianza de los Papas; además de ser algunos de ellos distinguidos Pastores de importantes Arquidiócesis: 
a) Cardenal Walter Brandmüller (Alemania).- Durante muchos años profesor de historia de la Iglesia en la Universidad de Augsburgo. Presidente emérito del Pontificio Comité de Ciencias históricas, Organismo de la Santa Sede. 
b) Cardenal Raymond L. Burke (Estados Unidos), Prefecto emérito del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica (el máximo Tribunal de justicia ordinaria en la Iglesia, última y suprema instancia de justicia ordinaria), experto canonista, actual Cardenal Patrono de la Soberana Orden de Malta. 
c) Cardenal Carlo Caffarra (Italia), doctor en Derecho Canónico, tiene una especialidad en teología moral, nombrado en 1974 miembro de la Comisión Teológica Internacional por el Papa Pablo VI; en 1980, fue designado experto en el Sínodo de los Obispos sobre el Matrimonio y la Familia, y en 1981, el Papa Juan Pablo II lo designó fundador y Presidente del Pontificio Instituto Juan Pablo II para Estudios sobre el Matrimonio y la Familia. Consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1983. Gran teólogo de confianza de San Juan Pablo II; Arzobispo de Bolonia (Italia) desde 2003 hasta octubre de 2015. d) Cardenal Joachim Meisner (Alemania), Arzobispo emérito de Colonia (la Arquidiócesis más grande de Alemania), Cardenal desde hace 34 años.
Creemos que las cuestiones arriba citadas -aunque delicadas y tratadas en un ambiente circunscrito- no son de menor cuantía, y sí de gran trascendencia, por lo cual hemos entretenido su atención; exhortamos a todos -para ver con claridad y orientarse con absoluta seguridad a la luz de Cristo- a abordar, iluminados y guiados por el Magisterio perenne de la Iglesia, las cuestiones teológicas y pastorales arriba esbozadas, en las cuales se juega la salvación de millones de personas, la unidad misma de la Iglesia, así como la fidelidad a su único Señor.

GRUPO DE LAICOS Y PROFESIONISTAS CATÓLICOS

En representación:

ALEJANDRO ZAMUDIO

ANGÉLICA RODRÍGUEZ

MARÍA GUTIÉRREZ

BERNARDO ARELLANO, responsable de esta publicación
(Tel. +52 1 (55) 2960 9502, mail: This email address is being protected from spambots. You need JavaScript enabled to view it. ) Ciudad de México, 14 de febrero 2017