Carta abierta al P. José de Jesús Aguilar

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  Esta carta es un comentario al artículo publicado por usted en el semanario Desde la Fe el 13 de mayo de 2018:

En primer lugar, hago referencia a lo que usted menciona en el apartado 7 de su artículo (pag. 9 del semanario) "¿Para quién son los mensajes?"

Usted afirma que solamente el vidente es el que queda comprometido a vivir lo que se pide en los mensajes de la Virgen María. Y se pregunta: si la Virgen quiere dar a conocer un mensaje a las demás personas, ¿por qué no se les presenta directamente a todos?

Con todo respeto, Padre Aguilar, esta cuestión es de primero de teología (rama Soteriología), y se le conoce como Economía de la Salvación, que se expresa en esta máxima: "Dios escoge a un hombre, para revelarse a todos". Tal es el caso, desde el Antiguo Testamento, en que Dios elegía a un solo hombre (Moisés, Isaías, Ezequiel, etc.) para dirigirse a todo su pueblo. Dios se le aparece a una persona para dirigirse al pueblo, a la Iglesia. Tal es el caso, en nuestros días, de la manifestación de la Santísima Virgen en Guadalupe (1531) en que se apareció solo a Juan Diego para que su mensaje llegara a todos sus destinatarios en la nación mexicana y en todo el continente americano. Tal fue el caso de Fátima (1917), en que se apareció solo a Lucía, Francisco y Jacinta, para que su mensaje llegara a toda la Iglesia y al mundo entero.

Adicionalmente, usted afirma que es absurdo que la Virgen haga depender la salvación de la humanidad del cumplimiento o incumplimiento del mensaje dirigido a una sola persona. Lo siento mucho, Padre Aguilar, aunque a usted no le guste, o no lo quiera entender, la Santísima Virgen dijo claramente en Fátima que la paz del mundo la hacía depender de la obediencia a sus mensajes de una sola persona, el Papa, al pedirle que consagrara Rusia a su Inmaculado Corazón en comunión con todos los obispos de la Iglesia:

13 de julio de 1917:
"Para prevenir esto, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón. Si mis deseos se cumplen, Rusia se convertirá y habrá paz, si no, Rusia difundirá sus errores alrededor del mundo, trayendo nuevas guerras y persecuciones contra la Iglesia; los justos serán martirizados y el Papa tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas. Pero al final mi Inmaculado Corazón triunfará. El Papa consagrará a Rusia a mi Inmaculado Corazón y ésta se convertirá. Entonces, el mundo disfrutará de un período de paz".

13 de junio de 1929:
Al año siguiente de su profesión religiosa, en Tuy-Pontevedra, España, la hermana Lucía tuvo otra aparición de nuestra Señora. La Santísima Virgen regresó, como lo había prometido en Fátima, para pedir la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. En esta ocasión, la Virgen María especificó: "Ha llegado el momento en que Dios pide que el Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, realice la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado, prometiendo la salvación por este medio. Es hora de liberar a la pobre Rusia de la posesión diabólica que la ha vencido, para convertirla y salvarla".

La jerarquía ha intentado engañar a los fieles diciendo que esa consagración fue la que realizó Pío XII en 1942, o la de Juan Pablo II en 1982. Pero esas fueron consagraciones no específicas, consagrando "al mundo" (JPII) y no a Rusia en particular, o no en conjuntamente con todos los obispos de la Iglesia (Pio XII), como específicamente lo pidió la Santísima Virgen María.

En el apartado 8 de su artículo, usted afirma que cuando el Papa o un obispo aprueba una determinada manifestación de la Virgen María lo que aprueban es el culto, la devoción, la oración bajo esa determinada forma, pero no significa que se apruebe la visión ni los mensajes. Falso Padre Aguilar, nada más falso que eso. Antes de que el Papa o algún obispo apruebe una manifestación mariana, lo primero en que se fijan es en los mensajes, y en que el contenido de los mismos pueda ser proclamado a la Iglesia. Además, someten a los videntes a exámenes exhaustivos de comisiones y peritos científicos hasta el punto del escrúpulo, para que finalmente puedan comprometer su autoridad en asegurar que las manifestaciones son de carácter sobrenatural.

En el apartado 9 de su artículo (hay que agradecerle) usted nos recuerda la "regla de oro" para juzgar acerca de la veracidad de las visiones y apariciones marianas. En efecto, esas manifestaciones, para ser consideradas auténticas, no deben contradecir las Escrituras, eso es lo primordial.

Sin embargo, P. Aguilar, usted no aclara a qué se refiere cuando dice que hay casos en que la Virgen María "parece haberse vuelto pesimista, depresiva y amargada, anunciando mensaje lúgubres, tétricos, sombríos en los que vaticina catástrofes y desgracias...". ¿A qué casos se refiere usted? ¿A qué mensajes concretos?

La mayoría de los mensajes de las manifestaciones marianas son una invitación a la conversión, a volver a Dios, y una advertencia de lo que nos sucederá si no lo hacemos. No es pesimismo, es el cariño de una madre que le dice a su hijo: no sigas por ese camino, de lo contrario más adelante hallarás el precipicio.

Así dijo la Virgen María en La Salette,en 1846:

"... Los sacerdotes, ministros de mi Hijo, los sacerdotes, por su mala vida, por sus irreverencias y su impiedad al celebrar los santos misterios, por amor del dinero, por amor del honor y de los placeres, los sacerdotes se han transformado en cloacas de impureza. Los jefes, los conductores del pueblo de Dios, han descuidado la oración y la penitencia, y el demonio ha oscurecido sus inteligencias..
Habrá guerras hasta la última guerra, que será hecha por los diez reyes del anticristo, que tendrán todos un mismo designio, y serán los únicos que gobernarán el mundo.
Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del anticristo":

http://forosdelavirgen.org/2903/el-mensaje-de-la-virgen-dado-solo-a-la-vidente-melanie/

Después de la advertencia, siempre viene la promesa de que el Inmaculado Corazón de María triunfará, y se instaurará en el mundo el Reino de su hijo, pero no deja de ser clara en la advertencia sobre lo que nos vendrá antes de que ese Reino llegue, debido a que no hemos hecho caso a sus llamados y advertencias.

Acerca de la Iglesia, el mismo Catecismo de la Iglesia Católica, máximo documento de fe, es muy claro al decir que el triunfo de la Iglesia solo se dará, siguiendo a su Maestro, después de que ella pase por su pasión y muerte, para así llegar a su resurrección:

En el #677 señala: "La Iglesia sólo entrará en la gloria del Reino a través de esta última Pascua en la que seguirá a su Señor en su muerte y su Resurrección. El Reino no se realizará, por tanto, mediante un triunfo histórico de la Iglesia en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el último desencadenamiento del mal que hará descender desde el Cielo a su Esposa. El triunfo de Dios sobre la rebelión del mal tomará la forma de Juicio final después de la última sacudida cósmica de este mundo que pasa".

Por último, Padre Aguilar, me permito exponerle respetuosamente que la cuarta parte del Secreto de Fátima no ha sido aún dado a conocer por la jerarquía, dado que ésta parte señala el triunfo de la masonería eclesial al lograr poner en el trono de Pedro a un "Papa" falso. También le aclaro que, a la tercera parte del Secreto, que fue dada a conocer en el año 2000, le fue dada una explicación fraudulenta por parte de un cardenal, Angelo Sodano, a quien no competía dar a conocer el contenido del Secreto (Juan Pablo II se lo encargó al Prefecto de la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger), y obviamente no se refiere al atentado en Plaza San Pedro en 1981, como este señor pretendió engañar al pueblo de Dios. No. El contenido verídico, como declaró Benedicto XVI, tiene que ver con un "acontecimiento futuro de la Iglesia".

A este respecto, lo invito a estudiar el caso de Fátima y, si le sirve, a leer el libro de José María Zavala, de España (El Secreto mejor guardado de Fátima: Una investigación 100 años después), o mi libro, que se puede descargar de mi sitio, o el resumen que gratuitamente ofrezco allí mismo: La Verdad sobre las Apariciones de Fátima.

Dios lo ilumine, padre José de Jesús.