Articles

Colaboradores cercanos traicionan al Papa?

Benedicto XVI, entre filtraciones y polémicas

Revelaciones de documentos en torno al Papa, no sólo reflejan problemas de comunicación interna, sino también, las fisuras en su equipo

Cynthia Rodríguez/Especial Excelsior

MILÁN, 20 de febrero.– ¿Qué hay detrás de las últimas noticias de un complot contra la vida de Benedicto XVI publicada hace una semana por el periódico italiano Il Fatto Quotidiano y ampliamente difundida en todo el mundo? ¿Qué hay atrás de una probable abdicación de Joseph Ratzinger a unas semanas de cumplir siete años al frente de la Santa Sede y a unos días de visitar nuestro país?

¿Es cierto que el Papa está enfermo y que, así como declarara hace unos años a su biógrafo, el alemán Peter Seewald, que el día que no se sintiera en completa salud podría renunciar a su mandato y responsabilidad de dirigir la Iglesia católica?

Quizá la pregunta correcta para descifrar las últimas filtraciones a la prensa italiana que han tenido como principal foco de ataque precisamente al Vaticano y al papa Benedicto XVI, sería la siguiente: ¿Quién o quiénes están detrás de estas noticias y por qué se filtran en estos momentos?

El vaticanista Marco Politi explica en entrevista que en los últimos 100 años no ha existido un Papa que haya enfrentado más crisis que el actual, y que además sea en todos los frentes.

Y es que el pontificado de Benedicto XVI se ha caracterizado por saltar de una polémica a la otra a lo largo de estos casi siete años y por decirlo de una manera coloquial: mantener agitado el avispero.

Desde los escándalos de pedofilia, sus declaraciones sobre el uso del condón y el VIH, el caso del obispo Richard Williamson (uno de los cuatro obispos del movimiento lefevriano por sus discursos negacionistas), los enfrentamientos con el mundo islámico, y hasta por haber equiparado la misa preconciliar con aquella posconciliar.

Situaciones que ejemplifican que dentro del Vaticano, la forma es fondo y que en realidad el equipo cercano del Papa no es tan compacto como se dice.

“No son errores de comunicación como dice El Vaticano, sino que revelan una cuestión profunda entre lo que cree y lo que piensa Benedicto XVI y el arte de saber gobernar. Además a esto se agrega un eclipse de la presencia de la Santa Sede sobre el escenario internacional”, asegura Politi, afirmando que sobre las grandes crisis internacionales, rara vez llega a expresarse oportunamente y como ejemplo pone la Primavera Árabe y la alta criminalidad en México, pronto a visitar y por lo que el comandante Domenico Giani, director de los Servicios de Seguridad y del Cuerpo de la Gendarmería Vaticana ya se encuentra en México y Cuba.

La semana que concluyó fue un ejemplo del descontrol que existe en el Vaticano sobre la información, de esta crisis de la que habla Politi y que se dio justo cuando antes de celebrarse el cuarto Consistorio de su papado, es decir, cuando se reúne el Colegio Cardenalicio, y donde en esta ocasión se eligieron 22 nuevos cardenales, auunque al final se nombraron sólo 21, pues de última hora, el jesuita alemán Karl Josep Becker, de 84 años, no asistió por motivos de salud.

Así, a ocho días de que se celebrara el Consistorio, el viernes 10 de febrero, Il Fatto Quotidiano encabezaba a ocho columnas “Complot contra el Papa”. Un reportaje más bien rebuscado que donde sin dar más detalles de cómo se haría, el objetivo era acabar con la vida de Joseph Ratzinger a más tardar en noviembre de 2012.

Redactado por el reportero Marco Lillo, se basaba en una carta escrita en alemán con fecha del 30 de diciembre de 2011, la cual habrían dado a conocer al arzobispo de Palermo, monseñor Paolo Romeo, en noviembre de ese mismo año, durante un viaje privado que éste tuvo a China.

Posteriormente, señalaba el mismo reportaje, la carta supuestamente fue entregada al cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, que a su vez la dio a principios de enero de 2012 a Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano.

Tratan de calmar las aguas

El mismo día de la publicación del reportaje, la Santa Sede se apresuró a declarar que la noticia era tan absurda que ni siquiera valía la pena comentarla.

Sólo tres días después, el lunes 13 de febrero, Federico Lombardi, vocero del Vaticano, decía en una nota: “Quien esté pensando en debilitar al Papa y a sus colaboradores en esta tarea, se equivoca y se ilusiona”.

“La lectura en clave de lucha de poder interno, en vista del próximo cónclave, depende en gran parte de la moral corriente de quien la provoca y de quien la hace, que casi siempre no es capaz de ver más allá”, señalaba Lombardi para tratar de calmar las aguas a las orillas del río Tíber.

Ese mismo 13 de febrero por la mañana, el obispo emérito de Ivrea, Luigi Bettazi, había comentado en el programa radiofónico La oveja negra que él no creía en un complot que atentara contra la vida del Papa, pero sí en una renuncia, una abdicación.

Esta hipótesis de la dimisión del Papa no es la primera vez que se hace por algún miembro del clero, incluso antes ya se habían puesto como fecha para que sucediera el 16 de abril próximo, cuando Su Santidad llegará a los 85 años de edad. Sin embargo, todas las veces han sido desmentidas por el Vaticano, así como una posible enfermedad grave.

“Si la administración americana ha tenido su WikiLeaks, ahora el Vaticano también tiene sus leaks, sus fugas de documentos, de naturaleza y pesos diversos, nacidos en tiempos y situaciones diversas, pero que ‘alguno’ junta para crear confusión y desconcierto y para meter al Vaticano bajo una horrible luz, junto con el gobierno de la Iglesia... Así que calma y sangre fría y mucho más uso de la razón”, recomendó Lombardi.

Al día siguiente de la nota de Lombardi, la mañana del martes 14 de febrero, L’Osservatore Romano, diario oficial de la Santa Sede, amaneció con un editorial para conmemorar los 30 años de Joseph Ratzinger en Roma, quien en 1982 como arzobispo de Munich, llegó para hacerse cargo de la Congregación de la Doctrina de la Fe.

“Hoy, a 30 años del inicio del periodo romano de este mítico pastor que no retrocede delante a los lobos, es nítido su perfil de la madurez de un pontificado que pasará a la historia, disolviendo como humo los estereotipos duros a morir y combatiendo comportamientos irresponsables e indignos”, comenzaba así la editorial de L’Osservatore Romano, firmada por el director Giovanni Maria Vian.

“Los comportamientos indignos terminan por entrelazarse a los clamores mediáticos, inevitables y claro, no desinteresados, pero que se necesitan tomar como una ocasión de purificación de la Iglesia”, señalaba Vian en el mismo editorial que llegaba apenas cuatro días después de que se publicara el extenso reportaje sobre el supuesto complot.

Sin embargo, para entender esta última crisis, señala Politi, es necesario ir algunos días más atrás cuando el 25 de enero de este año, en el programa televisivo Los Intocables de canal 7, se habló de las malas cuentas en el Vaticano y más que malas cuentas, una corrupción con tintes de cinismo.

Se trataba de otra carta interna y filtrada a dicho programa sobre las advertencias del arzobispo Carlo María Viganó, quien fuera nombrado por Ratzinger desde el 16 de julio de 2009 como secretario general del Gobernatorado del Vaticano, un ente cuya función es la gestión precisamente del Vaticano, es decir, todas las actividades económicas y administrativas, como contratos, limpieza, personal, trabajos, etc.

En una carta escrita al Papa, Viganó le hace de su conocimiento que a su llegada, el Gobernatorado tenía un balance pasivo de ocho millones de euros, ligado a las transacciones poco transparentes y que como ejemplo, había detectado que en un sólo día (no se aclara cuál), el Vaticano había perdido 2.5 millones de euros en la ‘utilización’ de empresas llamadas “aficionadas”.

De acuerdo con testimonios presentados en Los Intocables, Viganó comenzó a “limpiar” la casa vaticana, a transparentar y revisar contratos, desechar muchos, reproponer y disminuir costos, consiguiendo como resultado que un año después de su llegada, el balance del Vaticano fuera de 34 millones 450 mil euros a favor.

Sin embargo, a pesar de su buen trabajo, Viganó fue alejado del Vaticano 15 meses después y el 19 de octubre de 2011 fue enviado a Estados Unidos como nuncio apostólico.

En dicha transmisión, también se dio a conocer otra carta reservada de Viganó al cardenal Bertone, donde mencionaba a diversas personalidades de la Santa Sede para querer quitarlo del lugar donde estaba.

Pero las cuentas ni las cartas sobre éstas acaban aquí. Luego de la noticia del supuesto complot, el mismo Il Fatto Quotidiano publicó otras cartas que tienen que ver con la resistencia del IOR (Instituto para las Obras de la Religión), como se le conoce a la banca vaticana, para aplicar las normas antilavado, las cuales el mismo Ratzinger anunció que se adoptarían.

Los documentos escritos por el cardenal Attilio Nicora, ex presidente de la APSA (Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica) y ahora presidente de la Autoridad de Información Financiaria del Vaticano, así como por el profesor Giuseppe Dalla Torre, presidente del Tribunal de la Ciudad del Vaticano, y a su vez contestados por Tarcisio Bertone demostraban, según el diario, una reversa a la aprobación de la ley de diciembre de 2010 sobre las reglas de antirreciclaje, y sobre todo, para transparentar sus cuentas.

Y es que en la práctica, citando al diario, el cardenal Bertone preguntaba a Dalla Torre sobre establecer las interpretaciones que habría que darse a la nueva normativa antilavado introducida por el Papa en diciembre de 2010 y aprobadas en abril de 2011, pues Bertone quería saber si las nuevas reglas se aplicaban para todas las operaciones antes de esta última fecha.

“A estas horas, en el Vaticano están aterrorizados de que puedan salir más documentos, y claro que saldrán”, explica Politi, “dicen que se rompió la tradición de solidaridad en el palacio y que más de uno de los monseñores están convencidos de que las batallas internas no se combaten como en el pasado con susurros de cuarto en cuarto, sino que ahora son llevadas a la escena mediática”.

Para Politi, un observador de las cuestiones vaticanas desde hace 20 años, el aspecto inédito de esta última crisis, es que quienes las están provocando son personalidades catoliquísimas, distinguidas por ser totalmente fieles a Ratzinger.

“La línea oficial es meter orden cuando están llegando a Roma los cardenales de todo el mundo para el Consistorio; quieren transmitir que la confusión y los ataques son indirectamente el efecto del camino justo que ha elegido Ratzinger para renovar la Iglesia, combatiendo el fenómeno de los sacerdotes pedófilos y garantizando una verdadera transparencia del funcionamientos de las instituciones vaticanas del punto de vista económico”.

Y señala que aunque el vocero Lombardi ha desmentido siempre cualquier hipótesis de dimisión de Benedicto XVI, en realidad el Papa está desilusionado y desencantado por lo que vive en torno a él.

Y aunque el director de los Servicios de Seguridad del Vaticano está en estos días en México y Cuba, su gente ya comenzó las investigaciones de las filtraciones, según escribió el vaticanista Marco Ansaldo el pasado 15 de febrero en las páginas del diario La Repubblica.

“La primera carta, aquella en la que monseñor Viganó solicitaba quedarse en su puesto para combatir la corrupción, resulta que haya salido de la II sección de la Secretaría de Estado vaticana, la oficina de las relaciones con los estados externos”.

“La segunda”, escribió Ansaldo, “el documento reservado del IOR, fue extraído de los archivos de la sección I: La oficina de los Asuntos generales internos”.

Asimismo, señala que es seguro que quien habría difundido la tercera carta, aquella que habla del complot, se trataría de un amigo alemán del cardenal Darío Castrillón y enviada al cardenal Bertone, contándole sobre el viaje del colega monseñor Romeo en China.

De acuerdo con Ansaldo, el círculo se ha cerrado en el Vaticano para saber exactamente quién está filtrando cartas y documentos, cuya conclusión podrían ser sanciones administrativas, denuncias penales (por revelaciones de secretos de oficio y difamaciones), y la posibilidad de que “alguno de repente desaparezca enviándolo a otra sede”.

Una trama, como la escribe el propio Ansaldo, que podría estarse consumando por antiguas rencillas y venganzas dentro de los muros vaticanos y que tiene como protagonistas no sólo al secretario de Estado, sino también al ex secretario de Estado, el cardenal Angelo Sodano, pues de acuerdo con este vaticanista, Bertone, una vez que llegó al poder y se convirtió en mano derecha del Papa, alejó a algunos hombres de Sodano.

Politi asegura que la irritación del Papa contra Bertone está creciendo por no controlar a la Curia, lo que podría provocar un nuevo escenario: cambiar al secretario de Estado del Vaticano.